Category Archives: OCCIDENTE TAMBIEN EXISTE

THE SHIELD

crítica de David Alonso
 
 
 
A medio camino entre la narrativa novelesca y poliédrica de The wire y la acción empapada en testosterona de 24, The shield pasó más o menos desapercibida en su momento, cuando en realidad merece un puesto destacado en toda colección seriófila.
The shield gira en torno al corrupto equipo de asalto de una comisaría, The barn, ubicada en un barrio ficticio de Los Ángeles. Aunque sus 7 temporadas probablemente podrían reducirse a la mitad la acción rara vez decae y las tramas de traiciones, engaños y estrategias de ajedrecista mantienen en vilo una historia de la que uno no puede apartar la mirada aún presagiando el negro desenlace.
Con una realización de corte documental que ahora vemos en cantidad de series (perpétua cámara al hombro, zooms desvergonzados), nos regala un buen puñado de personajes memorables y ricos en detalles de los que nos es más fácil compadecer que juzgar.
Estupendas interpretaciones de todos los actores protagonistas y secundarios (ha de ser cierto que en LA das una patada a un árbol y caen cientos de buenos actores), a los que se suman en algunas temporadas incorporaciones estelares como Glenn Close y Forest Whitaker, incomensurables ambos en sus papeles.
Mientras que The wire hacía una disección social clínica en su frialdad y lejanía, The shield se concentra en detalles, en los mecanismos más básicos e instintivos del ser humano, para ofrecer un retrato del ego más rampante y la justicia más errónea. Muy recomendable.

TOKYO JOE

http://www.imdb.com/title/tt0041967/

Un americano que dejó Japón para luchar en la Segunda Guerra Mundial, vuelve en la postguerra con la intención de recuperar su antiguo negocio y a su novia. Sin embargo, se encuentra con que ella está casada y tiene un niño. A partir de aquí, se desarrolla una trama de escaso interés en la cual Joe intenta recuperar a su chica al tiempo que trata de protegerla de las consecuencias de ciertas actividades ilegales que ella se vió obligada a realizar durante los años de la guerra.

La película supone una relativa rareza, por tratarse de una de las más desconocidas de su mítico protagonista. Y practicamente ahí reside su interés. Bogart hace un trabajo de trámite, dejando que desear en algunos momentos románticos, demasiado empalagosos para su estilo. Aún así tiene su gracia oirle chapurrear japonés y verle practicando judo, si no fuera porque en las secuencias de acción es claramente doblado por un especialista que no se le parece demasiado. De igual manera, la integración del actor en el mundo nipón no es demasiado fina, limitándose a secuencias en decorados de Hollywood (todos interiores, que no había presupuesto para derroches), a fin de evitar el traslado del equipo a tierras japonesas. Para salvar medianamente la continuidad de la ambientación, una pequeña unidad en Tokyo se dedica a rodar planos de la espalda de un doble con gabardina paseando por la ciudad, que en montaje son burdamente intercalados con planos de Bogart delante de retroproyecciones. El efecto es, obviamente, chapucero, poco creíble y hasta ridículo.

Stuart Heisler dirige esta película con desgana. El desarrollo de la historia es moroso y poco fluido, plagado de diálogos planos y aburridos. Aunque el previsible final está resuelto de forma elegante y sutil, es un bajaje escaso para una de las peores y más ignotas películas del mítico Bogart.

Heisler fue uno de esos a los que se suele denominar artesanos por no mostrar una clara vocación autoral. Tiene en su haber películas estimables como “Tulsa, ciudad de lucha”, “El caballero del oeste” o “La estrella”. Pero alcanzó su punto más alto con “Dallas, ciudad fronteriza”, inolvidable y divertidísimo western lleno de ritmo aventurero y un humor ligero e inocente, protagonizado por otro de los grandes clásicos: Gary Cooper.

NOTA: 4

Galería de carteles

SUCKER PUNCH

crítica de David Alonso


http://www.imdb.com/title/tt0978764/

Si la jugada de realidades anidadas con Christopher Nolan se convirtió en el pastiche pretencioso y sobrevalorado que es Origen, a Zack Snyder le sale bastante mejor, tomándose a sí mismo mucho menos en serio y divirtiéndose infinitamente más con Sucker Punch.

Al parecer el bueno de Zack debió de pasar algún cuestionario en una convención de comics preguntando por los ingredientes de su próxima película. El resultado:

- Samurais de 3 metros con metralletas.
- Ejércitos de zombies steampunk.
- Androides, mecha-robots y dragones.
- Chicas ligeras de ropa con ganas de guerra.

O lo que es lo mismo: el sueño húmedo de cualquier friki que se precie, al menos de aquellos que estén dispuestos a engullir 2 horas de efectos especiales y flipadas variopintas.

Lo mejor de la película, al igual que ocurre con Watchmen, es su vigoroso prólogo. Snyder demuestra que en las pocas ocasiones en que se modera consigue una puesta en escena sobria, directa y muy atractiva.

Mención especial a los trucajes fotográficos que emparentan al director de 300 con otro esteta como Gondry. Los juegos de atravesamientos de espejos, de falsos planos secuencia o de traspaso de realidades funcionan realmente bien en esta película.

 

LAS 20 MEJORES PELÍCULAS DE LA DÉCADA Y POR QUÉ (2)

EUREKA

http://www.imdb.com/title/tt0243889/

Esta es mi entrada número 100 y nada mejor para celebrarlo que escribir sobre mi película favorita de la década del 2000, Eureka, que, por lo tanto, también se ha convertido en una de mis favoritas de todos los tiempos.

Eureka es la séptima película del japonés Shinji Aoyama, con la que marcó de forma inmediata la cima de su filmografía, condenándose a no alcanzar nunca más tales niveles, pero con la alegría de haber dejado una obra que pocos cineastas pueden lograr.

Hay dos corrientes principales dentro del arte cinematográfico a la hora de conjugar los seculares elementos que componen esta popular manera de contar historias. Por un lado, hay quien recurre a una forma tradicional de combinar los elementos visuales y auditivos que conforman una películas, demostrando un magnífico conocimiento de la narrativa y la sintaxis cinematográfica. Por otro, están aquellos cineastas que pretenden aportar nuevos usos de dichos elementos, configurando un discurso que, a la vez que muestra su conocimiento de los mecanismos más utilizados, avanza en la búsqueda de nuevas formas de contar historias, favoreciendo la evolución del lenguaje cinematográfico. Ambas formas pueden  dar magníficos resultados. Eureka pertenece a este segundo grupo.

Ya desde el sugerente principio, la película marca el tono onírico-reflexivo que la caracteriza. Una niña mira al horizonte y vaticina la llegada de un tsunami que los arrastrará a todos.

http://www.youtube.com/watch?v=o0mqe_4SW2E

Para el despistado que piense que estamos ante una película de catástrofes llena de efectos especiales, ya aviso que nada más lejos de la realidad: el tsunami al que se hace referencia es un tsunami emocional y existencial.

Durante sus 217 minutos de duración, (de los que no le sobra ni uno solo) la película cuenta las secuelas que el secuestro de un autobús por parte de un hombre desequilibrado provoca en las vidas de los tres únicos supervivientes: el conductor y dos hermanos (chico y chica) que iban a la escuela en el momento del secuestro. La acción se desarrolla en una tranquila zona rural de Kyushu, la isla más meridional (sin contar la lejana Okinawa) del archipiélago nipón. De las casi cuatro horas que dura la película, el secuestro es ventilado en menos de veinte minutos, dedicándose el resto del metraje a indagar en como esa experiencia perturba la realidad de las víctimas vivas del secuestro. A partir de esa experiencia traumática, los tres protagonistas se plantearán de manera distinta todas las convenciones, certezas y objetivos que construían su vida hasta ese momento, hundiéndose en las arenas movedizas de la incertidumbre ante la ruptura de esa aparente normalidad que componía el esquema de sus vidas bien definidas. Sawai, conductor del autobús, se repite a sí mismo esta pregunta: ¿Soy culpable por sobrevivir? El hombre y los dos niños se sienten solos, aislados, perdidos e incomprendidos por los que les rodean, y ante el desmoronamiento de lo que eran sus vidas hasta ese momento,  intentan buscar una salida en el apoyo mutuo, con el fin de entender su pasado para empezar de nuevo a avanzar hacia un futuro.  Es en este punto donde aparece el autobús como símbolo redentor y vehículo para exorcizar los demonios. Así, el mismo autobús marca un punto de inflexión en la película, al convertirse la misma en una road movie existencial. Antes del viaje se les unirá un joven que huye de una mala experiencia en Tokyo, y que representa el punto de vista del exterior (lo “normal”) en confrontación con la pequeña comunidad de tres que han establecido el conductor y los niños. Todos los personajes son respetados en sus decisiones y preocupaciones, hasta el punto de ofrecer una mirada abierta al propio secuestrador, intentando bucear en los motivos que le han llevado a cometer varios asesinatos.

La película representa una enorme evolución en el uso del lenguaje cinematográfico, de forma que, durante su visionado, tienes la sensación de estar asistiendo a una nueva reformulación de la estética cinematográfica. Nos sumergimos en una atmósfera de ritmo lento e hipnótico, una especie de danza kármica construida a base de bellísimos encuadres, planos secuencia que (como diría Tarkovsky) llenan el celuloide de tiempo, y un portentoso diseño de sonido que juega tanto con el silencio como con los ruidos de la naturaleza y de la vida artificial, aderezado con breves y minimalistas momentos musicales, de los que hablaremos más tarde. Es una película cuyo placer reside en la evocación de emociones, canalizadas, eso sí, por la capacidad intelectual de digerir los ingredientes que las provocan. Todos estos elementos, desgranados más extensamente a continuación, configuran un mundo extraño y sumamente personal, al que reconocemos como la realidad en la que vivimos, pero tamizada y desvirtuada por un aura de extrañeza y una atmósfera lindante con la de un mundo de fantasía y ciencia ficción, un universo nuevo y extraño pero completamente coherente.Y es que este es el mundo tal y como lo viven los personajes de la película, una realidad que nos es mostrada a traves de sus ojos.

Ni que decir tiene que esta experiencia ha de ser afrontada sin prisas ni urgencias, pues son 217 minutos calmados y reflexivos, en los  que Aoyama respeta el dolor mediante una distancia llena de sensibilidad. Sin embargo, nada de esto implica  frialdad, (la película contiene multitud de momentos enormemente emotivos), hermetismo (Aoyama aboga por una gran sencillez en la linealidad de su relato y la presentación de unos sentimientos complejos) o aburrimiento. Incluso dentro del drama existencial que se respira,  la película se permite aislados momentos de humor.

Muy pocas veces se ve una película en que todos los elementos se encuentren engarzados con mayor perfección en su discurrir hacia una dirección determinada. Fotografía, interpretaciones, diseño de sonido, montaje… Todos los ingredientes se conjugan para conseguir una película que da la sensación de tener vida propia, de estar avanzando por sí misma, olvidándote de que detrás de este milagro se encuentra el trabajo de unos magníficos profesionales.

Shinji Aoyama ya había demostrado anteriormente su talento en “Helpless” o “Chinpira”, ambas ambientadas en el mundo de la yakuza. En estos trabajos ya apuntaba hacia el estilo analítico, reposado y reflexivo que aflorará con mayor contundencia más tarde en películas como “Eureka” o “Eli, eli, lema sabachtani”, gran película que, no obstante, queda lejos del nivel de la que nos ocupa. Aoyama hace fluir la película a través de tiempos muertos dentro de la cotidianidad de la vida de los protagonistas. Se basa en tomas largas, ya planos secuencia o plano-contraplano, apoyándose en el sobrehumano trabajo fotográfico del veterano Masaki Tamura (“Tampopo”, “Helpless”, “D/uo”, “Suzaku”), que utiliza tonos sepia para el día y verdosos para la noche, aportando un tratamiento y estilo visual completamente innovador. Nunca antes había sido fotografiado de esta manera el campo o el simple avance de un autobús por una carretera.

El tratamiento de sonido trabaja sobre una combinación de largos silencios y ruidos humanos y naturales, destacando el uso dramático del casi perpetuo canto de las cigarras. Momentos de la película son enfatizados por temas propiamente musicales, compuestos por Isao Yamada y el propio director, sencillas melodías de guitarra o piano que suponen un exquisito aporte o contrapunto (dependiendo del tema) a las imágenes. Lo que más llama la atención a este respecto es la manera completamente personal y novedosa de introducir la música, en momentos que parecen elegidos al azar, lo cual aumenta la sensación de naturalidad y cotidianidad que impregna esos fragmentos de la película. Mención aparte supone la melancólica canción utilizada de forma magistral en uno de los momentos más mágicos de la película.

El montaje (obra del propio Aoyama) combina imágenes y sonidos utilizando todo los tipos de puntuación: cortes, encadenados, fundidos, y ni siquiera descarta el uso de la cámara lenta, empleada, eso sí, con tanta originalidad como el resto de los elementos, y en momentos muy puntuales, lo que sirve para dotarlos de una sobrecogedora intensidad. Destaca como ejemplo la secuencia final, en la que la cámara lenta se suma a un aislado plano de cámara al hombro (el único de la película) para llevarnos al borde de las lágrimas.

Entre el magnífico elenco de actores, destacan dos nombres importantes en el panorama japonés: Koji Yakusho, en el papel del conductor del autobús, es una presencia habitual en el cine de Kiyoshi Kurosawa y un gigantesco actor que ya ha sondeado la industria norteamericana (“Memorias de una Geisha”) ; y Aoi Miyazaki, que en esta su tercera película interpreta ejemplarmente el rol de la niña superviviente. Su hermano en la vida real, Masaru Miyazaki, interpreta a su hermano en la ficción. Yakusho ofrece posiblemente su mejor trabajo en el retrato de un hombre que intenta recomponer su concepción de la vida y del ser humano, mientras que con Aoi Miyazaki, Aoyama da ejemplo de como dirigir a jóvenes; aparte del talento natural de la  actriz.

Es difícil encontrar referentes al ver este film. Dejando a un lado el aspecto visual, quizá haya algo de la profundidad y complejidad que Ozu conseguía en sus películas a base de sencillez.  Siguiendo en el campo de las sensaciones que produce, podemos emparentar este trabajo con el humanismo cotidiano y naturalista de la directore Naomi Kawase, con la mirada serena y poética de Kore-eda hacia la muerte o incluso con el humanismo redencionista de Akira Kurosawa.  Mirando a occidente, quizá podríamos emparentar esta obra con ciertos estilemas de Bresson, Bergman, Dreyer, Gus van Sant o el primer Jim Jarmush.

En definitiva, esta es una de esas raras películas que te sumergen en un mundo que, a pesar de resultar extraño al principio,  cuando, lamentablemente, la película acaba, te sientes tan a gusto ahí dentro que no tienes deseos de salir. Esta sensación la arreglé viendo la película varias veces en los días sucesivos.

A pesar de que a priori parezca difícil encarar un metraje de 217 minutos en tono sepia, recomendaría el esfuerzo de decidir sentarse a verla, pues Eureka es una experiencia radicalmente distinta y original, una épica intimista del sentimiento humano que alcanza unas cotas de emotividad inusitadas, gracias a un uso nuevo de los viejos elementos del lenguaje cinematográfico.

NOTA: 10

Carteles de la película y de la banda sonora.

Próxima entrega: ALL ABOUT LILY CHOU-CHOU (Shunji Iwai)

LAS 20 MEJORES PELÍCULAS DE LA DÉCADA Y POR QUÉ (1)

PERSPECTIVA GENERAL DE UNA DÉCADA

Bueno, ya estamos bien entrados en la nueva década. O no, según algunas teorías. Me da igual, en esta entrada me dispongo a hablar sobre cuales han sido para mí las mejores películas del período de tiempo que va del año 2000, incluído, al 2010, también incluído.

Después de la aclaración, quizá convendría hacer un boceto general sobre las corrientes y las modas y movimientos característicos de esta década. Observando el panorama desde una perspectiva espacial, Asia se configura como la única latitud dónde se ha seguido desarrollando e innovando el lenguaje cinematográfico, que engloba formas de contar y provocar sensaciones y sentimientos que en occidente se han encontrado con una barrera caracterizada por la repetición y la escasez de contenidos nuevos y originales.

La última década ofrece un bagaje particularmente pobre en EEUU. Los únicos retazos de cine de calidad se manifiestan en notorias excepciones, algunas películas magníficas casi siempre de directores ya consagrados. “Mulholland Drive”, la película ascendida a los cielos por crítica y aficionados, es ciertamente una obra lindante con la perfección, que nunca será suficientemente alabada y que se encuentra entre las mejores películas de David Lynch. Otra ejemplar muestra del antiguo poderío narrativo americano es “Zodiac”, la cima de David Fincher, director en estado de gracia a la hora de dirigir esta película, por cuanto no ha demostrado esa visión en ningún otro de sus films. Terrence Mallick (un Víctor Erice con la suerte de haber nacido en un mercado como el de  EEUU), sintomático ejemplo de la dificultad para hacer cine de los directores más personales y más apartados de cualquier corriente, ha vuelto a encandilar con su única película de la década: “El nuevo mundo”. El último cineasta clásico vivo, citando la abstracta definición que los amantes de las etiquetas han otorgado a Clint Eastwood, ha seguido manteniendo su standard de calidad, continuando el método que ya le diera buenos resultados en los años 80: alternar encargos con obras propias, a pesar de haber sido sobrevalorado a veces, en ambos casos, tanto por crítica como por público.

Pero si hay que elegir un cineasta que haya destacado por encima de todos, ese es, sin duda, Gus Van Sant. Su grupo de películas compuesto por “Gerry”, “Elephant”, “Last days” y “Paranoid Park”, pueden considerarse una tetralogía espiritual en la que el cineasta ha experimentado con la narración, con los tempos, la descripción de personajes, el sonido y la música, el montaje… En definitiva, ha conjugado los elementos cinematográficos para crear un discurso tan propio e identificable como diferente a lo que lo rodea. Basado en tiempos muertos, planos largos, silencios, contrapuntos tanto narrativos como visuales, sustitución de la causa por el efecto,  de la explicación por la intuición y de la opinión por la enunciación, ha aplicado formas asiáticas a temáticas genuinamente americanas.

Sin embargo, las grandes películas americanas de la década sobresalen de una masa gelatinosa como cumbres aisladas dignas de ser escaladas. Son películas que destacan demasiado en su soledad sobre un conjunto difuminado y confuso, compuesto por productos lanzados en masa para ser deglutidos por las hordas de espectadores con prisa, como ayuda para tragar sus palomitas tamaño gigante.

Por lo tanto, dejando en grupo aparte ese puñado de films comprometidos con el hecho de hacer cine y no juguetes, nos encontramos con que la estrategia principal del cine comercial americano ha sido la de realizar siempre la misma película simplemente cambiando el referente. Aprovechando la base de otras películas, series de la infancia, cómics, juguetes o personajes literarios, Hollywood ha solucionado la falta de ideas o de esfuerzo llenando una y otra vez el mismo molde para ofrecer la misma forma hueca, limitándose a cambiar los nombres dependiendo del envoltorio. Lo mismo les da Sherlock Holmes que Van Helsing, el Equipo A o Los Angeles de Charlie, los G.I. Joe o Transformers, eso sólo son nombres famosos, reclamos para distinguir los distintos productos fabricados por la misma cadena de montaje. Si pusiésemos a Sherlock Holmes a liderar el equipo A solo desentonaría por el vestuario. Los personajes son exactamente iguales, todos hacen los mismos chistes, disparan de la misma forma, las escenas de acción son tan intercambiables como los estilos de los responsables de las películas, que no son más que circos con más pistas que números con que llenarlas. Es una forma de hacer cine tan impersonal que incluso destruye rasgos estilísticos y contradice expectativas. Vemos esto en el caso de Guy Ritchie con la ¿adaptación? del detective victoriano, en la que no queda ni rastro de su característico (y exhibicionista y vacuo) estilo, o con los ejemplos de Florian Henckel von Donnersmack (como pasar de “La vida de los otros” a “The tourist” en un solo paso), Alex Proyas, etc.

Rebuscando más y más en el pozo del pasado, la industria de Hollywood ya no se limita a sacar el mineral de las capas más profundas, sino que, apremiados por la urgencia de un franético ritmo mercantil impuesto por ellos mismos, recurren a las vetas más superficiales y recientes, adscribiéndose vergozosamente al dicho de que si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Así, la última moda consiste en exprimir franquicias o reescribir sagas que no han hecho más que terminar. Los X-men ya tienen nueva entrega con distinto equipo, al igual que Spiderman.

Esto nos lleva a uno de los directores consagrados (endiosados) en esta década, Christopher Nolan, que se dedicó a pergeñar blockbusters para “listos”, en los que la reducción de las escenas de acción exageradas, la eliminación del sentido del humor paródico y la introducción de tramas supuestamente complejas que realmente gravitan sobre el vacío, le ha servido para diferenciarse del magma comercialoide y así convencer a unos espectadores tan poco acostumbrados a pensar que confunden lo simple con lo complejo y lo complejo con lo profundo. Nolan sólo ha tenido que escribir unos guiones pedantes, mantener a sus actores todo el tiempo con el ceño fruncido y adquirir una estética deudora de todo y de nada para encandilar a un público tan conformista como poco inquieto, que se contenta con abrazar al camión que les atropella por el carril más ancho de la autopista más directa. Nolan ha creado la versión sesuda de la corriente “la más grande película de…” . Así, con el beneplácito de gran parte de la crítica y el público, Nolan ha construído sus huecos monumentos al género de superhéroes y de ciencia ficción. Porque eso es lo que Hollywood se ha limitado a ofrecer a sus consumidores en cada nuevo producto, lo más grande, lo más ruidoso, lo más caro, siempre lo más. Lo más dentro de su propio rasero de medidas, cuidando de no plantearse unos límites que les resulten difíciles de superar. Un más difícil todavía evaluado por los mismos que lo afrontan. Al fin y al cabo, es una superación medida en dólares, no en talento u originalidad. El número de explosiones, efectos digitales y escenas de acción mal rodadas es inversamente proporcional a la pericia narrativa, a la originalidad estilística, al desarrollo de personajes y, al fin y al cabo, a la emoción.

En esta crisis de la narrativa USA sin precedentes, la industria se ha volcado en innovar desde el punto de vista de la forma, apostando por desempolvar el 3D. Avatar se erige como la más rutilante demostración de los avances en este campo. Como ya sucediese en la década de los 50 con el mismo sistema y en los 60 con el cinemascope, intentos ambos de combatir el éxito que tenía la televisión sobre el público cinematográfico, ahora se recicla una técnica que encaja a la perfección en el más difícil todavía tan grato a los gustos americanos. Pero con esto seguimos en lo mismo, el cambio se limita a una sensación física, que ni siquiera visual (la tridimensionalidad existe desde los orígenes de la pintura), descuidando el objetivo principal, que es nada más y nada menos que realizar una buena película. Y eso no tiene nada que ver con el 3D. El 3D puede funcionar muy bien, pero si los personajes son tan planos como los de cualquier producción de Michael Bay, y la historia tan manida y sobada que da vergüenza siquiera hablar de otra cosa que no sea el 3D, el uso de este sistema no esta aportando más que una atracción para llevar al público a los cines. El 3D, como el sonido, las interpretaciones, la dirección artística o el maquillaje, no es más que otro elemento de los que componen una película. Para darme a entender, las películas de Peter Greenaway tienen una buena fotografía, pero no por eso son menos pedantes y más fáciles de soportar. Por lo tanto, me parece desmesurado cargar todo el peso de una película sobre un único elemento de la misma. Claro que como estrategia para atraer al público al cine ha resultado de lo más efectivo.

Otro fenómeno que no podemos pasar por alto es el descomunal éxito que han experimentado las series. Quizá porque EEUU no ofrecía calidad suficiente en el cine que ha venido realizando ultimamente, el público mundial, en vez de mirar hacia otras cinematografías (lo cual es comprensible ya que son cinematografías inexistentes por cuanto que no llegan más que en goteo cada vez más esporádico), ha preferido dar la bienvenida a otro producto proviniente del mismo país y que perpetúa la misma forma de contar historias, solo que, según muchos, de mejor manera. Así, se ha empezado a comparar el formato serie con el cine, siempre en detrimento de este último. El comentario de moda sobre este tema es el siguiente: “los mejores guionistas están en la televisión”. No puedo estar más en desacuerdo con esta afirmación, pues para nada veo consecuente esa comparación. Veo más diferencias que similitudes entre un guión de cine y el de una serie. En estos últimos no es necesaria la capacidad de síntesis, de elipsis, de retrato rápido de los personajes, ya que los guionistas se pueden tomar su tiempo a lo largo de las temporadas por las que se extiende la narración seriada. Un guión de una serie y el de una película no pueden ser comparados, igual como tampoco puede compararse bajo los mismos criterios la calidad formal de ambos ámbitos, debido a diferencias económicas, de procedimientos y de tiempos de rodaje. Ni mucho menos las series han eclipsado a las formas cinematográficas, y ni las mejores de ellas llegan a los niveles de sutileza y elegancia (narrativa o formal) de las mejores películas. Por supuesto las mejores series serán preferibles a “Transformers” y sucedáneos, pero creo que esta no es una comparación lícita, sino más bien superficial y demasiado abstracta y difusa como para ser tenida en cuenta. El caso es que las series son series y las películas películas, y sobre la mesa están ambos formatos para ser elegidos a placer y disfrutadas por separado. Las series siempre han tenido éxito, la novedad es el notorio incremento de calidad y cantidad que han experimentado, así como la proliferación de formatos y temáticas, que en anteriores décadas eran más limitados. Ese aumento de calidad, unido a la mayor facilidad de acceso que da internet, y a la comodidad que ofrece a los espectadores un lenguaje más rápido y breve, más cómodo y asumible cuando uno llega a casa después de una jornada de trabajo, quizá sean los motivos para la explosión de este formato.

¿Y Europa? ¿Qué ha pasado en Europa? No puedo extenderme mucho a este respecto, ya que mi conocimiento del cine europeo en esta década ha sido tan escaso como el interés que me ha suscitado. Mi impresión, no obstante, es que la producción cinematográfica en nuestro continente ha estado más bien desdibujada. Cómo ha ocurrido en EEUU, sólo podríamos destacar una serie de películas de mayor interés, ya de cineastas nuevos o consagrados (Haneke, Polanski, Eric Rohmer, Jaques Audiard…) Pero, por lo general, las industrias cinematográficas de los países europeos han estado perdidas en un maremágnum de subvenciones, coproducciones, decrepitud y falta de una visión más amplia o modernizada.

Esta década ha supuesto también el definitivo surgimiento de internet como mercado alternativo para escapar del monopolio mainstream. Pero, justo en uno de los momentos en que internet ofrecía más posibilidades para investigar y satisfacer inquietudes, las grandes producciones se apresuraron a copar esos canales para difundir los productos que ya llegan (y siempre lo han hecho) de las formas más tradicionales. Internet no es solo un medio de difusión aprovechable por quienes no tienen oportunidad de dar a conocer su trabajo de otra manera, sino que se ha convertido en el mayor medio publicitario para todo tipo de producto e industria. Como antes se decía: lo que no sale en televisión no existe; ahora simplemente hay que sustituir “televisión” por “internet”. El hecho de que “Avatar” haya sido la película más taquillera al tiempo que la más descargada no hace más que demostrar que la publicidad a escala industrial influye tanto a la hora de ir al cine como de elegir las descargas. Desde mi punto de vista, vería más razonable e interesante que los primeros puestos en descarga los ocupasen películas que hubiesen tenido menos salida comercial. ¿Quizá el maremágnum de posibilidades ha empujado al consumidor a rendirse de nuevo a la ola más fácil de tomar? ¿O puede que la rapidez a la hora de satisfacer necesidades haya desembocado en una seguridad o comodidad dentro de lo conocido? La respuesta más plausible es que siguen siendo los mismos, los que tienen mayor capacidad económica, quienes se dedican a catalizar y dirigir inquietudes. Entonces, ¿la curiosidad intelectual o lúdica se basa principalmente en los patrones marcados?

Es cierto que, gracias a internet, los ojos de muchos cinéfilos han conseguido abarcar mayor territorio y enfocarse en otras filmografías. A los que sólo hemos visto en el cine americano una repetición de los mismos errores nos ha valido con girar la cabeza hacia el este para sonreir de oreja a oreja. Con investigar mínimamente en la producción cinematográfica de países como Japón, Corea o China, uno se da cuenta de que allí se cuecen manjares de los que a occidente apenas llegan las migajas. Por supuesto, muchas de estas películas se diferencian en su forma y estilo de las producciones que suelen llegar a nuestros cines, el error es establecer la comparación partiendo de “lo nuestro” (aunque es más bien “lo americano”). Lamentablemente, la diferenciación está demasiado arraigada debido a las formas y modos mercantiles que venimos sufriendo desde hace décadas, en que el producto americano es el modelo que manda en el mercado, el rasero con el que medir y comparar todo lo demás, considerándose los escasos ejemplos que nos llegan de otras filmografías como curiosos productos exóticos a los que se mira con condescendencia, dedicándoles frases del tipo: “Para ser coreana no está mal” “… si hasta parece americana” “Como es japonesa, es un poco lenta, pero me gustó”. Visto así, yo podría decir: “Como es americana, es un poco rápida, pero es distraída”.

En los últimos años, gracias a un colectivo orientalófilo compuesto por los desprestigiados frikis (ayudados a veces por la crítica más sesuda, con su mitificación de los sectores autorales del cine tailandés, chino o filipino), hemos podido acceder a gran parte de estas cinematografías ignotas.  Internet ha demostrado ser el mejor medio de homogeneizar el conocimiento de esas cinematografías, estableciendo una concepción del cine más cercana al conjunto de películas independientes entre sí que a grupos englobados en filmografías, estilos o movimientos. Por desgracia, habrá que esperar a que se normalicen todos los problemas derivados de los derechos de autor para asistir a la evolución de esta tendencia.

Sin más, me dispongo a desentrañar los secretos de mi lista, en la que hay tantos títulos asiáticos que me servirán para extenderme un poco más sobre la situación cinematográfica en esos paises.

Exceptuando la primera posición, la lista no tiene orden de ningún tipo, más allá del orden en que inconscientemente me hayan ido llegando los títulos a la cabeza.

Próxima entrega: EUREKA (Shinji Aoyama)

OTRA MUJER

http://www.imdb.com/title/tt0094663/fullcredits#cast

Un pequeño drama de cámara para lucimiento casi exclusivo de la gran Gena Rowlands, que interpreta a una mujer excesivamente fría al refrenar sus sentimientos. Al cumplir los 50 años empieza a cuestionarse su pasado, presente y futuro. Un retrato que seguramente resultará muy identificable para muchas mujeres que puedan sentirse reflejadas en el personaje.

Supone una nueva incursión en el género del drama, esta vez fallida e inferior a la anterior “Interiores”, igualmente muy lejos en cuanto a resultados respecto a sus dos grandes dramas de los 2000, “Match point” y “El sueño de Cassandra”.

Allen utiliza los resortes que ya usase en comedias anteriores (Annie Hall), ahora aplicados a un drama: sueños, presencia física del protagonista con el aspecto actual en recuerdos de momentos de su pasado…  Así, el neoyorkino sigue desgranando sus temas y preocupaciones, otra vez bajo la tutela espiritual de su admirado Bergman, esta vez recordándonos por el tono onírico y la estructura a “Fresas salvajes”, del maestro sueco. No es una coincidencia que en esta película se estrene con Sven Nykvist,  habitual director de fotografía de Bergman.

Aunque se percibe un esfuerzo de Allen por experimentar con un lenguaje introspectivo, apto para psicoanalizar a su protagonista, la película no tarda en derivar hacia un aburrido y denso despliegue de planos graves y demasiado dramáticos, cuya excesiva elaboración deriva hacia la frialdad y la falta de frescura. El aspecto positivo fue que Allen empezó a mover la cámara, estilo que tan buenos resultados le daría posteriormente.

NOTA: 4

LOS VIKINGOS

http://www.imdb.com/title/tt0052365/

Estamos ante una maravillosa película de aventuras, sin duda una de las mejores de su género. El excelente guión combina la aventura más emocionante con el retrato de una civilización supuestamente bárbara contrapuesta a la hipocresía de los “civilizados” y cristianos ingleses.

Richard Fleischer fue un imaginativo director que se movió agilmente en todo tipo de terrenos, como atestiguan películas pertenecientes a distintos géneros: el western (“Bandido”, “Duelo en el barro”), la ciencia ficción (“Viaje alucinante”, “Soylent Green”), el terror (“El estrangulador de Boston”, “El estrangulador de Rillington Place”, “Terror ciego”), la aventura (“20000 leguas de viaje submarino”, “Los vikingos”), el bélico (“Tora, tora, tora”), el histórico (“Barrabás”). En sus años de decadencia aún supo dotar a sus películas más fallidas de una especie de gracia crepuscular (“Conan el destructor”, “El guerrero rojo”). Pero posiblemente “Los vikingos” sea la cota más alta de su cine.

Kirk Douglas, en un personaje inolvidable, nos regala una de sus vehementes interpretaciones llenas de fuerza y energía, eclipsando a un soso y blando Tony Curtis, que, no obstante, cumple su cometido como el típico personaje romántico. Es todo un disfrute contemplar la química entre Douglas y el siempre genial Ernst Borgnine, como padre e hijo vikingos, en unas divertidas y emotivas secuencias llenas de complicidad.

La bellísima y crepuscular fotografía de Jack Cardiff combina a la perfección con una icónica banda sonora. Sin embargo, si puede destacarse algo por encima de un conjunto ya en general soberbio, sería la perfecta planificación de Richard Fleischer, que ofrece todo un catálogo de como rodar una película, demostrando cuando utilizar planos largos o un montaje picado, ya en momentos intimistas o en batallas enérgicas y emocionantes. Como ejemplo, la escena final es una auténtica lección de como coreografiar un duelo de espadas, con precisas y creativas elecciones de ópticas y angulaciones de cámara, consiguiéndose una secuencia tan clara como física y emocionante, en uno de los finales más emotivos de la historia del cine.

Una auténtica obra maestra.

NOTA: 10

EL NUEVO CASO DEL INSPECTOR CLOUSEAU

http://www.imdb.com/title/tt0058586/

La primera secuela de “La pantera rosa” es una comedia agradable, centrada en el personaje más interesante de la primera parte, el torpemente genial Inspector Clouseau. Sin ser de las mejores de la serie, ofrece momentos sobrados para pasar un rato divertido, sobre todo por la excelente interpretación de Peter Sellers, que retrata un personaje que auna varios adjetivos de difícil cohesión: altivo, cobarde, orgulloso, inútil, torpe, sensible, pusilánime, vehemente, patético, heroico. Tan insoportable como capaz de inspirar cariño, sobre todo es un personaje tremendamente divertido. Por primera vez aparece el inspector jefe Dreyfus, interpretado por Herbert Lom, que ya comienza a desarrollar la locura que provocará en las secuelas momentos desternillantes. y Lom ya habían coincidido años atrás en “El quinteto de la muerte”, obra maestra del humor negro de la Ealing inglesa. También se estrena el personaje de Kato,  interpretado por Burt Kwouk, que compartirá con Sellers peleas gloriosamente divertidas en las dos siguientes películas de la saga.

Es una lástima que el mejor momento de la película sea la elegante y magnifícamente coreografiada secuencia prólogo, a la que aporta mucho la canción compuesta por el infalible Henry Mancini. Lamentablemente, la película no volverá a estar a esa altura.

En mi ránking particular dentro de la saga, “A shot in the dark” estaría situada en cuarto lugar, por debajo de “La pantera rosa”, “La pantera rosa ataca de nuevo” y “El regreso de la pantera rosa”. Blake Edwards dirigiría los ocho títulos con los que llegó a contar la serie, que tras “La pantera rosa ataca de nuevo” empezó a desvirtuarse (entre otros motivos, por el fallecimiento de Sellers en 1980) hasta finalizar con la vergonzosa “El hijo de la pantera rosa”, en la que Roberto Benigni interpretaba al hijo del finado Clouseau.

Recientemente se empezó una nueva saga de la que me niego a ofrecer detalles.

NOTA: 7

Carteles alternativos:

1, 2, 3, PELHAM

http://www.imdb.com/title/tt0140594/

Una TV movie infumable se mire por donde se mire. Remake de la sólida cinta dirigida en los 70 por Joseph Sargent, la que nos ocupa es incluso peor que la posterior versión ejecutada por el temible Tony Scott. Aquí no funciona nada, ni los personajes, ni los diálogos, ni una fotografía llena de quemados y desaturados más propios de un videoclip. Un montaje arrítmico y una interpretación artificiosa de unos personajes ya de por sí artificiales y superficiales, provocan el aburrimiento total durante la hora y media escasa que dura la película. Vincent D’Onofrio y Edward James Olmos están al frente del reparto, el primero poco convincente en un personaje tópico, y el segundo correcto en un rol soso y poco carismático, con el que poco se puede hacer.

La cinta forma parte de la interminable lista de nefastas películas de atracos que tan de moda estaban en la segunda mitad de los 90.

¿La foto de arriba? No, no es la portada del nuevo disco de urban-indy-rock del grupo de Vincent, sino una foto publicitaria de la pelicúla. No pude encontrar el cartel a buena resolución.

Aquí dejo la sinopsis que aparece en el reverso del DVD de la película, claro ejemplo de como vender una película, o de que sobre gustos no hay nada escrito…

Un reparto lleno de estrellas en una producción apasionante y muy intrigante desde el principio hasta el final.

Basada en el aclamado best-seller de John Godey, esta película te hará vibrar y se convertirá en la película de tu vida…

NOTA: 1

Y ahora sin posar, que parezca natural.

MANIAC COP

http://www.imdb.com/title/tt0095583/

Torpe thriller terrorífico que a lo máximo que puede aspirar es a resultar simpático. Perjudicado por un guión desmañado y una realización excesivamente televisiva, nos cuenta la historia de un antiguo superpolicía que regresa de la muerte convertido en un maníaco homicida casi indestructible. La idea podría haber tenido gracia si hubiese caído en otras manos, pero con el burdo Larry Cohen escribiendo el guión solo se podía esperar una película ramplona, sin aristas, sin ritmo y, para colmo, sin gore. William Lustig se encarga de rematar esta mediocridad con su dirección carente de estilo y sutileza.

Bruce Cambell, en el papel del bueno de la función, está rematadamente soso y poco convincente. En cambio, Tom Atkins, presencia habitual en el cine de terror desde finales de los 70, ofrece una interpretación digna, a pesar de lo manido y plano de su personaje.

William Lustig dirigió varios años antes una malsana y rugosa pieza de terror llamada “Maniac” (sin el “cop”), que al estar mucho más conseguida que esta, auguraba otro futuro para este director.

Pese a todas las imperfecciones mencionadas, la película gustará a los amantes del cine de psicópatas, pues si no se le exige demasiado, es posible que resulte distraída para una mañana de resaca. No se sabe por qué, fue seguida de dos secuelas.

NOTA: 4

Y ahora mirad que película he descubierto buscando el cartel de “Maniac Cop”. ¡Y con Robert Z’Dar, el mismo (encasillado) actor que hace de poli zombie psicópata! ¡Hay que verla!