AIR DOLL

Air-Doll

 

Kore-eda, experto en indagar en los sentimientos que enriquecen al ser humano, pretende centrarse aquí en el concepto de humanidad en sí mismo. Para ello nos cuenta la historia de una muñeca hinchable que en sus ratos de asueto se convierte en un ser humano.

Es sin duda el primer tropiezo en la brillante carrera del director japonés. Por culpa de un tono indefinido entre fantasía y cotidianidad, se queda en un inconfortable punto intermedio: un universo cuasi-paralelo poco consistente, demasiado vaporoso y desvaído, cargado de melancolía superficial y de una poética ingénua. Estéticamente irreprochable debido a la belleza de la fotografía y lo ajustado de los encuadres, la falta de claridad expositiva y emocional te lleva renqueando entre una serie de secuencias sugerentes pero demasiado autónomas e inconexas en un conjunto bastante plano y monótono.

Kore-eda intenta aproximarse al mundo conceptual de Hideaki Anno o Mamoru Oshii para indagar en la naturaleza humana, aprendiendo con ello que sus herramientas no deben ser las de aquellos (la exposición conceptual intelectualizada) sino la emoción emanada de la observación sensible de las actitudes cotidianas.

NOTA: 6

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