ESPAÑA. COREA DEL SUR. DICTADURA Y CINE (II)

  

  

El empleo de metáforas es cultivado en ambos países en un cine de autor que da cabida a las expresiones más personales. “Ana y los lobos” de Carlos Saura, una especie de alegoría con personajes-símbolo, “El espíritu de la colmena”, de Víctor Erice, donde la mirada de una niña compone un mundo que mezcla realidad con fantasía, son ejemplos esenciales por el lado español. Esa recurrencia a emplear el medio rural como elemento simbólico coincide en Corea con ejemplos como “Memories of murder” o la comedia “Sang-woo y su abuela”; los países bajo regímenes dictatoriales suelen permanecer anclados a formas económicas rurales.  

Muchas películas de terror coreanas se sitúan en casas de campo, en una transposición de los límites de un géneromuy útil para la parábola y metáfora sociopolítica.  Historias de terror como “Yellow hair” o “Tell me something”, y otras muchas  también urbanas, ofrecen una importante lectura sobre el estado sociopolítico surcoreano. 

En ambos paises, los cineastas se las tenían que ver con la censura por sus alegatos contra la represión. Españoles como Juan Antonio Bardem o coreanos como Jang Sun-woo fueron encarcelados por su militancia en partidos opuestos al gobierno militar. Sun-woo pasó seis meses en la cárcel en 1980, a partir de lo cual expresó en su cine, a través de los protagonistas y una estética tosca y rápida, esa desasosegante represión que, como su cine se encarga de remarcar, ha hecho mella para siempre en el comportamiento humano. Películas como “Pétalo” o “Mentiras” proponen modos de comportamiento opuestos y aislados de la sociedad globalizadora, a la vez que plantean reflexiones lúcidas sobre la represión sexual. Son películas, que al igual que las españolas, se oponen a la familia como norma social establecida, presentándola como célula cancerosa. 

Aparecen así films que se aproximan a la realidad histórica con una clara vocación política. En España películas como “Siete días de Enero”, del ya citado Bardem, sobre el asesinato de cinco abogados de la calle Atocha; “El diputado”, de Eloy de la Iglesia, que trata al mismo tiempo el tema de la homosexualidad; u otras como “Operación Ogro” (Gino Pontecorvo), sobre el asesinato de Carrero Blanco.  

 

En Corea, ejemplos como “Joint Security Area” (Park Chan-wook), que indaga en la yaga narrando un enfrentamiento fronterizo ocurrido a la altura del paralelo 38, la zona militarizada que divide ambas Coreas. También destacan las películas de Park Kwang-su, cuya “La república negra” (1990), después de sus encontronazos con la censura se erigiría en la obra más emblemática del “nuevo cine coreano”. La película esboza un nítido discurso político al hilo de las andanzas de un activista en una ciudad minera a comienzos de la década y marca el techo de permisividad de las autoridades coreanas del momento. “Hacia la isla estrellada” y “Un simple destello” plantean claramente temas políticos, esta última sobre la represión del sindicalismo durante los 60 y 70.

Esta corriente entronca con un cine sobre la historia reciente que empezó a realizarse en ambos países tras varias décadas de secuestro de la memoria de un gran segmento de la población. Son films que abordan períodos de la historia antes vedados con el fin de explicar y explicarse unos sucesos que han convertido a ambos paises en sendos rompecabezas de difícil solución.  

Por un lado, durante la década de los 70, el cine español puede finalmente tratar el tema tabú hasta ese momento, la Guerra Civil, y así sacarse las espinas clavadas. Se ruedan películas como “Soldados” (Alfonso Ungría, 1978), “Los días del pasado” (Mario Camus, 1977), “El corazón del bosque” (Manuel Gutiérrez Aragón, 1978), “Pim, pam, pum…¡fuego!” (Pedro Olea, 1975), películas que tratan sobre maquis, prófugos políticos, etc, en su afán de ajustar cuentas con el franquismo y así asimilar el pasado histórico reciente.  

También en Corea, en la década de los 90, se empieza a recordar, no solo la etapa bajo la dictadura militar (películas de Jang Sun-woo y Park Kwang-su o “El poder de la provincia de Kangwoon”), sino también la guerra civil entre las dos coreas. Son películas como “Peppermint candy” (Lee Chang-dong, 1999), historia de un hombre gravemente traumatizado por varias experiencias de su pasado que sirve para hacer un repaso de la historia contemporánea de Corea; o como “Las montañas de Tabaek”(1994), del maestro Im Kwon-taek, crónica de la Guerra de Corea. Im Kwon-taek, con más de noventa y siete films a su espalda puede considerarse el maestro de los frescos históricos sobre la historia del pais; uno de ellos, “La cantante de pansori”, es reconocido por muchos como la mejor película de la historia del cine coreano.

 

Películas ambientadas en un pasado más lejano sirven a ambas cinematografías para ejemplificar la situación acontecida en la historia más cercana. Por ejemplo “La rebelión”, de Park Kwang-su, sobre el aplastamiento de una revuelta campesina en 1901 o “La verdad sobre el caso Savolta”, adaptación por parte de Antonio Drove de una novela de Eduardo Mendoza que versa sobre el crimen político como asunto de negocios.  

En los 80 aparece en España un cine experimental realizado en las fronteras de la industria. “Arrebato”, de Iván Zulueta, es el título más importante, película de culto sobre el cine como acto vampírico. En Corea también existe la experimentación, pero con importantes diferencias. Esta no se da fuera de la industria, sino que es un factor común en gran parte de las películas que se realizan, incluso en las que aspiran a arrasar en la taquilla. La experimentación es un factor general que se suma al resto de las características del cine coreano de la época. No obstante, existen películas de carácter más claramente experimental, pero siempre con amplio apoyo industrial, como “La virgen desnudada por sus pretendientes” (Hong Sang-soo, 2000), experimento narrativo basado en la focalización de distintos personajes sobre los mismos acontecimientos.  

  

Por supuesto, existen grandes diferencias entre el cine de ambos países. Al marcado estilo y homogeneidad que presenta en general el cine de la transición española se le contrapone el eclecticismo y heterogeneidad de un cine coreano que otorga a la técnica un valor fundamental para contar las historias. Además la multiplicidad genérica convierte a las películas coreanas en un crisol de súbitos cambios de registro de los que carecían las películas de la transición española. Obviamente, no es lo mismo una transición acontecida en los 70 que en los 80-90, debido a la situación mundial que rodea a cada país en cada período. Cambian los gustos, las corrientes estéticas y sociales, y los avances técnicos contribuyen a esos cambios. 

No obstante, las diferencias mas importantes se encuentran a nivel industrial. Corea ha sido capaz de convertir su cine en el más importante de su país, disputándole incluso el mercado interior a los todopoderosos Estados Unidos. Una película de acción como “Shiri” (Kang Je-gyu, 1999) se convirtió en la película más taquillera del cine coreano, desbancando incluso a “Titanic”. Una situación parecida ni siquiera podía imaginarse tras la transición española, y mucho menos en la actualidad. El atractivo popular del que gozaban las películas españolas de la época era, ciertamente, bastante reducido. Quizás los motivos provengan de una difusa y errática política cinematográfica por parte de España, contrapuesta a la vigorosa política de protección oficial que impera en Corea, donde se ha instaurado una cuota de pantalla del 40%, a lo que se le suma la inversión de grandes grupos económicos. Esto ha propiciado que, tras la salida de la dictadura, el cine coreano haya remontado el vuelo encontrándose en la actualidad en su momento de mayor aceptación mundial, con grandes intereses por parte de Estados Unidos respecto a la importación de sus películas y sus profesionales.  

Quizá la carencia de una  política industrial semejante en el cine español sea el motivo que explique por qué el fin de la dictadura no supuso el inicio de un esplendor cinematográfico de resonancias internacionales como el que vive Corea en la actualidad.  

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