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SU-KI-DA

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Intimista y plácida película, no apta para espectadores con prisa, que habla sobre la dificultad de abrirse y mostrar los sentimientos, asignatura pendiente en una sociedad como la japonesa, en la que el miedo al fracaso, al futuro, o sea, a la propia vida, desemboca en numerosas ocasiones en situaciones de profunda soledad. Todos estos temas se tratan en esta película, cuya principal linea narrativa no es sino el viaje de una declaración de amor silenciada desde la adolescencia hasta la edad adulta. Encierra una secuencia que por si misma justifica el visionado de la película, un encuentro entre los adolescentes a la orilla de un río, antológico por su desbordante sensibilidad y original sencillez, ayudada por la naturalidad de Eita y una maravillosa Aoi Miyazaki.

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Planos muy plásticos y bellamente encuadrados, ritmo muy pausado, ambiente muy silencioso que provoca casi una sensación de estar ante algo sagrado. Estas características, que aportan el principal interés a la cinta, son también las culpables de sumir a la película, en ocasiones, en una melancolía que se antoja forzada en vez de surgida de forma natural, extendiendo un manto demasiado lánguido y triste.

Pese a estos elementos negativos, una propuesta sutil de gran sensibilidad intimista.

NOTA: 7’5

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SLEEPING BRIDE

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Vergonzosa sima en la carrera de Hideo Nakata, realizada justo después de “Ringu 2″, sin la más mínima relación con el género de terror, que parece ser la especialidad del director.

Edulcorada, pastelosa, sensiblera, pueril, ridícula… ¿Era necesaria esta versión de “La bella durmiente”? Para colmo, rodada con tan poco estilo que parece un dorama.

Quizás si viniese de otro director… Pero me resulta difícil de perdonar viniendo de alguien que cuenta con muestras de talento como “The ring” o “Dark Water”.

Dramón para adolescentes que aún juegan a las princesitas y se mantienen inmaculadas a la espera de su príncipe azul.

Y mejor dejarlo aquí. Despotricar sobre esta película no puede traer nada positivo.

NOTA: 1

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AIR DOLL

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Kore-eda, experto en indagar en los sentimientos que enriquecen al ser humano, pretende centrarse aquí en el concepto de humanidad en sí mismo. Para ello nos cuenta la historia de una muñeca hinchable que en sus ratos de asueto se convierte en un ser humano.

Es sin duda el primer tropiezo en la brillante carrera del director japonés. Por culpa de un tono indefinido entre fantasía y cotidianidad, se queda en un inconfortable punto intermedio: un universo cuasi-paralelo poco consistente, demasiado vaporoso y desvaído, cargado de melancolía superficial y de una poética ingénua. Estéticamente irreprochable debido a la belleza de la fotografía y lo ajustado de los encuadres, la falta de claridad expositiva y emocional te lleva renqueando entre una serie de secuencias sugerentes pero demasiado autónomas e inconexas en un conjunto bastante plano y monótono.

Kore-eda intenta aproximarse al mundo conceptual de Hideaki Anno o Mamoru Oshii para indagar en la naturaleza humana, aprendiendo con ello que sus herramientas no deben ser las de aquellos (la exposición conceptual intelectualizada) sino la emoción emanada de la observación sensible de las actitudes cotidianas.

NOTA: 6

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TOKYO JOE

http://www.imdb.com/title/tt0041967/

Un americano que dejó Japón para luchar en la Segunda Guerra Mundial, vuelve en la postguerra con la intención de recuperar su antiguo negocio y a su novia. Sin embargo, se encuentra con que ella está casada y tiene un niño. A partir de aquí, se desarrolla una trama de escaso interés en la cual Joe intenta recuperar a su chica al tiempo que trata de protegerla de las consecuencias de ciertas actividades ilegales que ella se vió obligada a realizar durante los años de la guerra.

La película supone una relativa rareza, por tratarse de una de las más desconocidas de su mítico protagonista. Y practicamente ahí reside su interés. Bogart hace un trabajo de trámite, dejando que desear en algunos momentos románticos, demasiado empalagosos para su estilo. Aún así tiene su gracia oirle chapurrear japonés y verle practicando judo, si no fuera porque en las secuencias de acción es claramente doblado por un especialista que no se le parece demasiado. De igual manera, la integración del actor en el mundo nipón no es demasiado fina, limitándose a secuencias en decorados de Hollywood (todos interiores, que no había presupuesto para derroches), a fin de evitar el traslado del equipo a tierras japonesas. Para salvar medianamente la continuidad de la ambientación, una pequeña unidad en Tokyo se dedica a rodar planos de la espalda de un doble con gabardina paseando por la ciudad, que en montaje son burdamente intercalados con planos de Bogart delante de retroproyecciones. El efecto es, obviamente, chapucero, poco creíble y hasta ridículo.

Stuart Heisler dirige esta película con desgana. El desarrollo de la historia es moroso y poco fluido, plagado de diálogos planos y aburridos. Aunque el previsible final está resuelto de forma elegante y sutil, es un bajaje escaso para una de las peores y más ignotas películas del mítico Bogart.

Heisler fue uno de esos a los que se suele denominar artesanos por no mostrar una clara vocación autoral. Tiene en su haber películas estimables como “Tulsa, ciudad de lucha”, “El caballero del oeste” o “La estrella”. Pero alcanzó su punto más alto con “Dallas, ciudad fronteriza”, inolvidable y divertidísimo western lleno de ritmo aventurero y un humor ligero e inocente, protagonizado por otro de los grandes clásicos: Gary Cooper.

NOTA: 4

Galería de carteles

NO MORE COMICS

http://www.imdb.com/title/tt0091354/

Al mercado doméstico occidental llega solo la milésima parte de la filmografía de los paises orientales. Así, del director japonés Yojiro Takita sólo conocíamos películas correspondientes a los años más recientes, caso de la editada en DVD “La espada del samurái” (Mibu gishi den, 2003) o la oscarizada “Despedidas” (Okuribito, 2008). “The ying-yang master”, de 2001,presenta los mismo defectos o virtudes, según quién las mire, de las dos anteriores.

Desde mi punto de vista, la falta de personalidad tipo grandes relatos de la primera y el amaneramiento y convencionalismo enfocado a EEUU de la segunda, se ven superados por las excelencias de una película muy anterior: “No more comics”, de 1986. En ella, Takita cohesiona forma y fondo a través de un estilo nervioso y urgente, perfectamente coherente con la temática sobre el mundo de la prensa amarilla y la televisión en el país nipón.

Kinameri, en una interpretación simbiótica de Yuya Uchida (prolífico actor bastante curtido en los años ochenta que aquí ejerce como coguionista), es un sugestivo personaje, un periodista carroñero que ha entregado su vida a su oficio, con una dedicación total y única que ha dado al traste con su vida privada y su dignidad como persona, en favor de la búsqueda incansable de la última noticia.  Kinameri nos hace traspasar la superficie de la realidad nipona de la época, introduciéndonos en el lado más desconocido, lleno de corrupciones, intervenciones e influencias de la yakuza, acosos de la prensa a miembros del espectáculo, presiones de las agencias a sus propios trabajadores, etc. Kinameri es el fiel retrato del reportero que busca la fama a través de una exposición inquebrantable al riesgo en su búsqueda de la exclusiva a toda costa.  Es el cabeza de turco de una crítica feroz pero poliédrica contra la deshumanización de un oficio y contra una sociedad más preocupada en aparentar, en parte secundada por unos medios más interesados en mostrar carnaza que en ofrecer la realidad de la forma más objetiva. El propio Kinameri, cansado de sus prácticas poco honorables, intenta pasarse a un periodismo más comprometido e inicia su cruzada personal para destapar a una empresa que tima a jubilados.

Takita empapa la historia de ironía, sátira y mucha mala leche, demostrando una personalidad inexistente en sus últimas obras. A diferencia también del clasicismo algo acartonado de esas últimas películas, “No more comics” presenta una factura más seca y rugosa. Está llena de secuencias en cámara al hombro, rodadas y montadas como si de un reportaje televisivo se tratase. Fondo y forma confluyen: a la par que vemos el caos de un tipo de vida, el estilo de la película nos hace sentir ese caos, por medio del mencionado feismo visual y una narración desestructurada, apoyada en la repetición y hartazgo de los momentos casi idénticos que configuran el día a día del reportero protagonista.

El final, una secuenia en que los periodístas presencian un asesinato sin más intervención que la de intentar conseguir la mejor foto, hace estallar al propio protagonista, que decide intervenir en la pelea para evitar el asesinato. Al pedírsele declaración, Kinameri grita en inglés que se niega a hablar japonés, toda una declaración de intenciones en una época en que el crecimiento japonés los situaba a la par que el gigante americano.

Como curiosidad, un joven Takeshi Kitano realiza un cameo con un personaje muy en la linea de sus más conocidas interpretaciones.

NOTA: 8

Trailer “No more comics”